jueves, 6 de enero de 2011

Historiadores y redes de investigación


La imagen del historiador solitario sumergido entre cientos de papeles polvosos en los archivos y con decenas de libros abiertos sobre las mesas de su despacho silencioso, ha quedado atrás hace mucho tiempo. El proceso de profesionalización de la disciplina histórica ha obligado a los oficiantes de Clío a establecer comunicación y colaboración con sus pares de una manera más intensa y compleja. Y cabe subrayar que el día de hoy, y para poder mantener un nivel de evaluación del trabajo propio e institucional, se ha convertido en un asunto obligado que el clionauta pertenezca a grupos de investigación. Estos grupos o redes reciben diferentes motes y tienen dinámicas diferenciadas a partir de sus funciones productivas y evaluatorias, personales e institucionales.

El fenómeno de las redes de investigación ha crecido de manera exponencial en las últimas décadas, tanto por las obligaciones profesionales como por las facilidades de la comunicación, entre ellas, el Internet y las video conferencias. No es que entre el siglo XVIII y principios del XX se careciera de espacios para la presentación y la discusión de los hallazgos de los historiadores: ahi está, como parte de nuestra tradición hispánica-americana, la aparición de aquella tertulia de sabios que se juntó en 1735 y derivó, en 1738, en la fundación de la Real Academia de Historia en Madrid; que es modelo y origen de las Academias de Historia de los países hispanohablantes, muchas de las cuales son correspondientes de la Real de Madrid. La aparición de estos colegiados, como la Academia Mexicana de la Historia, permitió establecer ciertos lineamientos para la investigación histórica de calidad y su difusión. Dicho a la manera de Kuhn, las academias fijaron las reglas y paradigmas del quehacer historiográfico conformadas por la comunidad de investigadores.

Sin embargo, con la multiplicación de profesionales de la historia y, en ocasiones, por la manía que tenemos por poner sobre la mesa de discusión ciertas reglas y paradigmas historiográficos, o simplemente por diferencias en las perspectivas de interpretación del pasado, los grupos y redes de investigación se multiplicaron. Ya no se trataba de aquellos grupos de trabajo que se dieron a la tarea de escribir obras monumentales de la historiografía como México a través de los siglos, dirigida por Vicente Riva Palacio (5 Vols., 1884-1889), o Historia Moderna de México, dirigida por don Daniel Cosío Villegas (7 Vols., 1955-1972). En México, entre las décadas de 1970 y 1980, proliferaron los seminarios de investigación asociados a distintas instituciones. Mención especial merecen, para la década de los setenta entre otros, los seminarios temáticos creados por Enrique Florescano al asumir la dirección del entonces Departamento de Estudios Históricos del INAH (hoy Dirección de Estudios Históricos). Este tipo de seminarios permitió la discusión de la heurística y de los métodos y técnicas de investigación histórica aplicados a problemas específicos: historia económica, historia de la agricultura, historia urbana, historia de las mentalidades, entre otros.

Con el correr de los años y la reflexión sobre los problemas de la historia nacional y la historia regional, la necesidad de entender los devenires particulares en el contexto de macro regiones, y la cada vez más fructífera influencia de otras disciplinas y su diálogo con el quehacer histórico, como la antropología, la economía o la historia del arte, la creación de grupos y redes de investigación interinstitucionales, inter o multi disciplinarias e internacionales se hizo necesaria. Asimismo, el desarrollo de los medios de comunicación ha facilitado la reunión (presencial o virtual) de académicos e investigadores de todo (o casi todo) el mundo, interesados en uno u otro tema o problemática. Me referiré aquí a dos, que tienen dinámicas distintas, por ser las que mejor conozco.

Hacia finales del año 2004, José Javier Ruiz Ibáñez (Universidad de Murcia), Gaetano Sabatini (Università degli Studi di Roma Tre) y Pedro Cardim (Universidade Nova de Lisboa), junto a otros investigadores, plantearon la posibilidad de establecer una red que funcionase como un espacio para la circulación de investigaciones sobre las fronteras (reales o imaginadas) de las Monarquías Ibéricas, ante la imperiosa necesidad de entender la importantísima proyección global que tuvieron entre los siglos XV y XVIII. Surgió así Red Columnaria, que a seis años de vida reúne y comunica a más de cien investigadores de diversos países como España, Portugal, Italia, Francia, Argentina, Chile y México, entre otros. Aparte de ello, la Red incluye proyectos específicos propios, como el Seminario Floridablanca o Vestigios de un mismo mundo; así como proyectos asociados que tienen su base y son dirigidos desde diversas instituciones alrededor del mundo.




Otra manera de nuclear el trabajo académica y poner en comunicación a los historiadores y profesionistas de otras disciplinas afines, son los Grupos de Estudio. A mediados de 2009, y a partir de la convocatoria de Nelly Sigaut y Thomas Calvo (ambos profesores investigadores de El Colegio de Michoacán), se formó el Grupo de Estudios Sobre Religión y Cultura (GERyC). Se trata de un grupo multidisciplinario e interinstitucional que tiene como objetivo crear un espacio académico de discusión e intercambio, en el que participen tanto académicos consolidados como estudiantes y tesistas de posgrado. Los aspectos relevantes del grupo son la relación de la historia con los fenómenos religioso y cultural de distintas épocas; así como su inserción dentro de las sociedades y sus manifestaciones literarias y visuales: pintura, escultura, arquitectura, novelas, sermones, escritos científicos y teológicos. La orientación de las discusiones pone particular énfasis en los actores de los hechos religioso y cultural y su distribución en la geografía. El GERyC tiene interés en la biografía cultural de los objetos así como en las de los individuos y grupos sociales. Las reuniones del grupo tienen lugar cada mes (el primer martes) y la comunicación es posible gracias al sistema de videoconferencia que permite enlazar al Colegio de Michoacán, A.C. (base institucional del grupo), con El Colegio de México, A.C. y El Colegio de Jalisco.

Para un historiador, participar en estas dos dinámicas enriquece mucho el trabajo que seguimos haciendo en seminarios o grupos de investigación más pequeños, que se reúnen de manera permanente o eventual, nuestras colaboraciones en congresos, mesas redondas, la impartición de cursos y la direccicón de tesistas. Ahora, quizá, lo que nos falta es tiempo para volver a encerrarnos en solitario entre papeles y libros, actividad que sigue siendo la principal fuente de nuestra indagación histórica y que queda en nuestro imaginario como el volver, al menos por un rato, a ser ratón de biblioteca solitario y polilla de archivo.

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