sábado, 1 de enero de 2011

Iniciando el año con un magnífico libro.

No lo he terminado de leer. Estoy apenas a la mitad de su lectura pero siento la impetuosa necesidad de decir algunas cuantas cosas sobre él: un libro fascinante e insólito, provocador, evocador y que entronca con algunas situaciones vitales mías.


Se trata de la reciente publicación de mi querido amigo (aunque debería mejor quitar lo de "amigo" y declararlo como "padre intelectual", por todas las herencias que me ha ido legando en estos años de conocernos) y admirado colega Thomas Calvo, Vencer la derrota. Vivir en la sierra zapoteca de México (1674-1707), editado apenas en ese año que precede a éste por El Colegio de Michoacán, el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Texto que ya ha sido publicado en francés bajo el título Vaincre la défaite. Vivre dans la Sierra zapotèque du Mexique. 1676-1707, editado en París con el sello de la prestigiosa editorial francesa L'Harmattan, 2009... con 299 páginas que se leen tan bien y como agua en francés como en su traducción al español, impecablemente hecha por Jean Hennequin, y la muy exacta presentación (por no abundar en sus detalles de crítica historiográfica, que hay que leer) de Beatriz Rojas.

¿De que trata Vencer la derrota? De pleitos, de asesinatos, de abusos de poder entre los propios indios zapotecas que habitaban, al final del siglo XVII, la pluriétnica alcadía mayor de Villa Alta. Y el primer gran y dramático suceso con el que abre el libro, es el de los seis pueblos de Cajonos (Caxonos actualmente), centrándose en la muerte de los que ahora son considerados por el Vaticano como los "mártires de Caxonos", un par de indios que denunciaron en su momento a finales del siglo XVII las prácticas idolátricas de la gente de su región y por ello fueron sacrificados.

Pero el libro va más allá de esa primer anécdota, pues el autor trata de contestarse, en el nivel microhistórico, preguntas que son importantes en el nivel macrohistórico de la monarquía hispánica. ¿Cómo era posible ejercer el poder y el control durante 300 años en un espacio político y administrativo que abarcaba los cuatro continentes? Thomas Calvo da en la clave y nos permite entender que, gracias a un proceso de aculturación en términos jurídicos y litigiosos, los indios novohispanos (al menos, pero esto es algo que excede por mucho a la región novohispana), aprendieron y utilizaron a su favor los instrumentos de defensa jurídica con que los dotó la Corona española. En segundo lugar, nos ofrece una interesante propuesta del cómo historiar estos litigios (no siendo, precisamente, un historiador del derecho y las instituciones), y en tercer lugar inserta la impronta de una experiencia personal ligada a su proceso de investigación que hace, de este libro, un manual de ciegos para los historiadores en ciernes (y no tan en ciernes), pues el contacto entre los problemas de las fuentes y la experiencia del historiador apararecen a cada instante. Un libro vivencial (en el cual cualquier amante de Clío se ve superado en la estrategia narrativa), pues confiesa situaciones del trabajo de archivo y de campo que pocos de nosotros estaríamos dispuestos a publicar.

Finalmente (pero no al final), un libro que viene a completar de manera magistral los trabajos que se han hecho respecto a esa región que Chance, en su clásico La conquista de la Sierra, echaba de menos hace cerca de veinte años. ¿Quién se había interesado en una región limítrofe, periferia de la periferia, marginal entre las marginales? Carmagnani un poco, Van Young en su clásico Drinking..., pero que a fin de cuentas no había sido una región de interés (esperamos con ansias la publicación del libro de Luis Arrioja, que vendrá a llenar muchos huecos de la historia india de la sierra zapoteca).

El problema que nos pone enfrente Thomas Calvo es que su historia es una historia (como bien ha visto Beatriz Rojas) a la búsqueda de un quiebre histórico. El autor se confiesa haciendo una microhistoria entre Carlo Levi y Alain Corbin, pero nos deja la sensación de una macrohistoria de la monarquía hispánica. Y leerlo me ha hecho recordar ciertos mometos de mi vida cuando, y por ciertas circunstancias yo no era historiador sino fotógrafo, gracias a una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, me permití conocer esas regiones. Caxonos, al menos en el año de 1993, seguía resultando un "espacio a evitar" para los habitantes de la Sierra Zapoteca de Villa Alta... o al menos para los habitantes de San Bartolomé Zoogocho y San Juan y San Miguel Taabá. ¿Recuerdos de los acontecimientos del siglo XVII?

Seguiré leyendo.. pero desde ahora puedo intuir que Vencer la derrota se colocará en breve entre los "importantes" para entender la región oaxaqueña novohispana, junto a Carmagnani, Chance, Arrioja y algunos otros.

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