martes, 24 de septiembre de 2013

Pintura virreinal en Michoacán: reseña del primer volumen editado por Nelly Sigaut

Acaba de llegar a mis manos el más reciente número de la revista Historia Mexicana, dirigida por Óscar Mazín y editada por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Se trata del 249, correspondiente al volumen LXIII:1 (julio-septiembre, 2013), y que trae, como siempre, una sección de artículos muy interesante y otros detalles.

Pero no voy a tratar in extenso el contenido de la revista sino anunciar la aparición de mi reseña a Nelly Sigaut (ed.), Pintura virreinal en Michoacán (Vol. 1), Zamora, El Colegio de Michoacán/Secretaria de Cultura de Michoacán, 2011, 406 p. [ISBN 978-607-7764-98-4].

Tuve el privilegio de presentar el libro de Nelly Sigaut en las dos sedes de El Colegio de Michoacán, Zamora y La Piedad, entre finales de julio y principios de agosto del año pasado (2012). El libro ya había tenido una presentación previa, en el Museo de Arte Colonial de Morelia, a mitad del mes de julio. En aquella ocasión  los presentadores fueron tres importantes estudiosos de la historia de la Iglesia en la Nueva España: Óscar Mazín, investigador del COLMEX y quien cuenta con una obra fundamental sobre los cabildos catedral; Manuel Ramos, director del CEHM (Carso) y especialista en las órdenes conventuales en la Nueva España; y Tomás de Híjar, historiador y juez eclesiástico de la arquidiócesis de Guadalajara. La presentación fue, por demás, enriquecida con la participación del público asistente, a la vez que muy emotiva por la presencia de los miembros del Seminario Permanente de Estudios de Pintura en el Occidente de México que la doctora Sigaut ha dirigido en Morelia desde 2007.
Presentación en Morelia. De derecha a izquierda:
Tomás de Híjar, Manuel Ramos, Oscar Mazín.
20 de julio de 2012

Después de la presentación en Morelia, el handicap para un nuevo presentador resultaba más que abrumador. ¿Qué decir de un catálogo razonado de pintura colonial sin ser especialista ni en historia del arte ni en historia de la Iglesia? Al contrario de lo que podría pensarse normalmente en este tipo de eventos académicos que derivan de relaciones académicas aparentemente "cerradas" y sólo para especialistas, la posibilidad de abrir el diálogo interdisciplinario es una oportunidad enriquecedora y fructífera. Los temas terminan por abrirse en la diversidad de vasos comunicantes que existen entre la pintura, el patrimonio, las instituciones, la sociedad, la economía y cualquiera de los diversos estancos en los que hemos encerrado el fenómeno de la cultura y el ser humano.

Claro que, para que esto sea posible, la obra a comentar y discutir necesita -por fuerza- tener la posibilidad de asirla desde distintas perspectivas. En este sentido, Pintura virreinal en Michoacán es mucho más que un simple catálogo de obras pictóricas depositadas en diversos repositorios michoacanos, algunos de ellos accesibles, como las del templo de Santa Rosa (Las Rosas); algunas de ellas nada accesibles al público como las del convento de San Agustín. No se trata de un simple recuento de las piezas. Es, por el contrario, un catálogo razonado que sigue una rigurosa metodología analítica que debe mucho a la labor de don Héctor Schenone -deudor de Warbug y Panofsky- cuya labor señera en la historiografía del arte latinoamericano es indiscutible. Alumna aventajada de Schenone resulta Sigaut quien, con un equipo de historiadores adscritos al Seminario Permanente se dio a la tarea de explicar, analizar y contextuar cada una de las piezas pictóricas recogidas en este primer volumen de los cuatro proyectados, que en conjunto darán cuenta del patrimonio iconográfico michoacano entre los siglos XVI y XVIII.

Esta labor meticulosa es lo que precisamente nos permite apreciar, más que opinar, desde otras subdisciplinas de la historia, acerca de la calidad e importancia del trabajo realizado. Porque catalogar pintura en el Michoacán virreinal nos ha dado la oportunidad de revisar la importancia de la administración diocesana en la Nueva España, de las redes de relaciones políticas y sociales, de la impronta de la cultura hispánica en las comunidades de indios de la meseta y otros muchos temas. Pero, por supuesto y en primer lugar, la característica regional y universal de la pintura patrocinada por las élites locales y su gusto, en contraposición y diálogo con el resto de las obras creadas en el ámbito de la monarquía hispánica.


Datos:
* El libro puede adquirirse en la librería virtual de El Colegio de Michoacán, A.C.

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